Porque de pronto piensas en esa persona por la cual has dado todo, sin importarte lo que pudiera pasar o las consecuencias que tendría darlo todo por él, sólo sabes que en ese momento eras la persona más feliz del mundo.
En ese tiempo en que no dormías hasta decirle te quiero, en el que llegabas a casa y lo primero que hacías era buscar su nombre en el chat, o en el que cuando le llamabas tu corazón no podía ir más rápido.
Esos días de besarle, de estar con él, de verle, de susurrarle al oído te quiero…
Esos regalos que miras con nostalgia y que hacen que sonrías pero que a la vez algo se muera por dentro al recordar aquellos momentos.
Y piensas por qué se acabó todo, y no comprendes que algo tan grande se rompiera por algo tan pequeño, por un mal rato o por una mala palabra.
Recuerdas aquellos momentos en los que no dejabas de sonreír o en los que tu ilusión permanecía constante día tras día.
Y ahora te ves vacía y pasa, pasa que te das cuenta de que el tiempo pasa más rápido de lo que esperabas, que no se puede predecir el futuro, piensas que a veces las cosas surgen sin más o que te puede pasar lo menos pensado con la persona menos pensada.
Y pasa definitivamente, que lo pierdes, sin darte cuenta, sin querer perderlo, todo aquello desaparece, como la última gota de lluvia de un gran huracán, fría, inerte, se esfuma sin más.
Y llegas a la conclusión de que si arriesgas para ganar, debes arriesgarlo todo porque es inútil pensar en que las cosas cambian solas o en que simplemente hay que dejar que el tiempo corra a tu favor, es inútil engañarte pensando en que en un futuro todo será un cuento de hadas cuando en el presente no lo das todo por esa persona, que aunque tanto quieres, piensas en lo externo descentrándote de lo que verdaderamente tienes que apreciar.
Y termina, todo termina sin más. Por o sin tu culpa, pero acaba. Y al principio piensas en que tenía que acabar, que es por vuestro bien, que era inevitable... imposible…
Pero nada es imposible y si surge, ¿por qué dejarlo escapar? Es algo que nos preguntamos día a día, justo cuando vemos que esa luz que nos iluminaba todos los días se ha apagado, justo cuando sentimos que él, nuestro acompañante, nuestro guía de felicidad, ya no está con nosotros.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Sentir
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