La vida es eso que pasa mientras tú esperas que esperen que
les estás esperando.
No hay duda, todo lo que puedas imaginar (y más), NO va a
pasar.
Igual sentir tanto en todo lo que hago puede no ser tan
bueno.
Quizás aún no me haya marcado el límite de sentir poco o
mucho, quizás simplemente no sepa dónde está el límite ni porqué tengo que
marcarlo.
Yo, que siempre he sido de tirarme a la piscina sin que el
hueco estuviera terminado. Yo, que soy más de ir tropezándome con piedras y
volver por el camino más largo, que busco siempre el verde con la esperanza de
que en toda mancha negra pueda existir algo de color, que cojo el arma y me
apunto y la acaricio… y me disparan. Siempre me disparan.
Ojalá sentir no fuera tabú. Ojalá nos dejáramos llevar por
cada beso como nos dejamos llevar a las 5 de la mañana con 3 chupitos de
tequila.
Qué fácil es esto y cómo lo estamos complicando, y peor aún,
cuánto nos estamos complicando a nosotros mismos.
El problema es que no sabemos cuál es la solución.
Ojalá tuviera lo que hay que tener para que todo me la
sudara.
Ojalá pudiera confiar más en mi criterio y no en sus
mentiras.
Ojalá pudiera entender que primero tengo que ser yo.
Ojalá intuir quien está para quedarse y quién solo está de
paso.
Ojalá tener el valor de decir basta a la primera tontería.
Ojalá no hacerme ilusiones con cuatro caricias.
Ojalá no sentir como siento.