Soy. Aunque, a
veces, pueda parecer que no sea.
Soy luna, sin
estar llena, desastre, con escudo de orden, soy respuesta sin saber la
pregunta, fiera con complejo de felino, ladro más que muerdo y muerdo cuando me
ladran. Soy el efecto antes de la causa y causo desconcierto la mayoría de las
veces. Soy sentimiento a flor de piel al que han herido tanto, que ya no hay
semilla que florezca entre tanta cicatriz. Soy bala que nunca dispara y arma
que acaricia.
Soy Cenicienta perdiendo zapatos antes de las 12 y Blancanieves mordiendo todas las manzanas envenenadas con la esperanza de que no va a morir (de amor). Soy La Sirenita coleccionando cosas (o recuerdos) que no sirven de nada. Soy tortuga, que entre 1000 liebres, llega siempre a la meta, aunque vaya más lento o le suponga más esfuerzo.
Soy una canción de Sabina en la ducha y una de Leiva los domingos de lluvia. Soy el verde que toda esperanza necesita y el ‘te quiero’ del último pétalo de todas las margaritas deshojadas. Soy Albert Espinosa para valorar la vida y Loreto Sesma, para darle algo de sentido. Soy llama queriendo ser hielo para no quemarme con el fuego. Soy optimista con la vida y pesimista sobre todos mis problemas. Romántica empedernida con el corazón hecho pedazos. Soy abrigo a cambio de un soplo de aliento.
Soy el mar de Málaga, la lluvia de Santander, el frío de Granada, y por suerte, el calor de Melilla. Soy la sonrisa de mi madre, el orgullo de mi padre y la gracia de mi hermano. Luchadora de sueños pese a los baches de la vida y amante de la Medicina para toda la vida. Soy flamenco, rumba y las risas de mis amigas.
Soy Cenicienta perdiendo zapatos antes de las 12 y Blancanieves mordiendo todas las manzanas envenenadas con la esperanza de que no va a morir (de amor). Soy La Sirenita coleccionando cosas (o recuerdos) que no sirven de nada. Soy tortuga, que entre 1000 liebres, llega siempre a la meta, aunque vaya más lento o le suponga más esfuerzo.
Soy una canción de Sabina en la ducha y una de Leiva los domingos de lluvia. Soy el verde que toda esperanza necesita y el ‘te quiero’ del último pétalo de todas las margaritas deshojadas. Soy Albert Espinosa para valorar la vida y Loreto Sesma, para darle algo de sentido. Soy llama queriendo ser hielo para no quemarme con el fuego. Soy optimista con la vida y pesimista sobre todos mis problemas. Romántica empedernida con el corazón hecho pedazos. Soy abrigo a cambio de un soplo de aliento.
Soy el mar de Málaga, la lluvia de Santander, el frío de Granada, y por suerte, el calor de Melilla. Soy la sonrisa de mi madre, el orgullo de mi padre y la gracia de mi hermano. Luchadora de sueños pese a los baches de la vida y amante de la Medicina para toda la vida. Soy flamenco, rumba y las risas de mis amigas.
He sido mariposa
rodeada de capullos y he soñado con perdices que no han llevado a ningún final
feliz.
He olvidado qué
se siente cuando te quieren bien y he querido tan bien que me he olvidado de mi
misma.
He dado besos en
la frente más sinceros que cualquier cigarro tras un polvo y he odiado siempre
con la idea de que un ‘te odio’ son mil ‘te quiero’.
He dado más
oportunidades de las que me podía permitir y me han fallado más veces de las
que he podido aguantar.
He amado tanto
que no he vuelto a saber qué es el amor y he llorado tanto que he sabido que él
no era mi amor.
Y aunque me he
caído muchas veces, siempre he sabido levantarme y eso, me lo debo.
Y es que, al fin
y al cabo, he sido, soy y seré, aunque a veces no lo sepa, aunque a veces no me
entiendan, aunque a veces, no me entienda.