Vas creciendo y conoces a chicos que van haciéndote madurar en muchos aspectos de tu vida o incluso llegan a partes de tu corazón que ni siquiera sabías que existía pero aún así sigues sin conocer el verdadero sentimiento de una chica enamorada.
De pronto aparece tu gran amor, aquel que te hará experimentar mil y un sentimientos mil y una aventura, un amor platónico, un amor que te pone entre la espada y la pared, entre lo correcto y lo políticamente incorrecto. Un amor clandestino, que te hará rozar con las yemas de los dedos el Amor. Piensas que tiene que ser él, que después de todo lo vivido, sin duda tiene que ser el que te lleve a sentirlo todo. Y te decepcionas, te decepcionas contigo misma por no saber o no poder valorar lo mucho que te quiere y lo mucho que lucha por ti y aún así tú sigues estancada. No entiendes cómo no puedes amar a alguien que está dándolo todo por ti, completamente, desnudando su alma una y otra vez… solo para ti. Las cosas del corazón son horribles. No puedes luchar contra tus sentimientos pero aún así le das otra oportunidad, luchando contra viento y marea con tal de que puedas corresponderle, pero tu esfuerzo acaba siendo en vano y sintiéndolo mucho lo dejas. Te sientes la peor persona del mundo porque no quieres hacer daño a una persona con la que has vivido tan intensamente una gran parte de tu vida y a la que a pesar de tu gran contradicción sigues queriendo tanto. Pero finalmente, lo mejor es dejarlo, intentar olvidar, intentar que te olvide. “Es lo mejor para mi, es lo mejor para el” piensas.
Pasa el tiempo y ya dejas de buscar al chico ideal, dejas de interesarte por cualquiera porque no crees que merezca la pena. Pero de pronto aparece… aparece el chico con el que un día soñaste quizás. Alguien nuevo, inesperado, desconocido. Te mantienes distante, no quieres pasarlo mal, pero aún así le sigues el juego. Juegas y acabáis ganando, los dos. De algo estúpido nace algo especial, algo divertido, algo intenso. No entiendes cómo pero aquel desconocido se está convirtiendo poco a poco en alguien verdaderamente importante. Disfrutas del momento, es tu maldito carpe diem. Y de pronto, un día, te das cuenta. Te das cuenta de que estás enamorada, hasta las trancas. No sabes si eso puede ser lo que llevabas todo el tiempo queriendo sentir, el Amor, pero si eso no era amor, al menos se le parecía mucho. Te das cuenta de ello y eres la persona más feliz del mundo. Un amor correspondido, un amor mutuo, completo, sin mentiras, sin peleas… un amor apasionado, un amor delicado. Le miras a los ojos y ves tu propio cielo, tu paraíso azul. Cada tontería, cada detalle, cada beso, cada caricia era única e increíble. Supongo que te das cuenta de que estás enamorada porque estando con él todo es perfecto, porque él es perfecto para ti y porque no le quieres, le amas… con toda tu alma. No solo llena huequecitos de tu corazón, él rellena todas y cada una de las partes de ti misma. Es la causa de tu felicidad y el que puede hacer que en menos de 1 segundo pases de estar mal a estar bien. Definitivamente es el que hace que sonrías todo el rato, una sonrisa estúpida 24 horas al día. Que con él te da igual el resto, mientras estés con él estás segura de que nada va a ir mal, te da tantas fuerzas que te ves en la cima de la montaña más alta del mundo. Todo el miedo que siempre has tenido se esfuma y disfrutas al máximo todas y cada una de las horas que estás a su lado.
Pero supongo que nada es para siempre y que los finales felices solo aparecen en los cuentos. Un día el miedo vuelve a invadirte. Notas que las cosas están cambiando, demasiado rápido. No te da tiempo a controlar la situación, no sabes por dónde cogerla. De un día para otro todo se nubla, tu cielo azul ahora es un abismo negro, no ves claridad. Agobios, tonterías que se vuelven estupideces, estupideces que se vuelven importantes y todo te supera. “No pasa nada” piensas, todas las parejas pasan por baches, ¿no? Eso piensas mientras él no le ve la otra cara a la moneda. Mientras que tú juegas apostando cara con una moneda de doble cara, él juega con una moneda de cara y cruz, y si le sale el lado que no ha apostado, no sabe que puede cambiar la apuesta. Que lo que ve negro no es tan negro y que tú puedes distinguir una gama de grises, la podrías distinguir por los dos. Pero aun así todo cambia. Quieres luchar pero él no lleva escudo, es imposible luchar cuando no se está preparado y cuando no se tiene ganas. Te jode no poder hacer nada para cambiar las cosas, para que todo vuelva a su cauce… y te derrumbas. Nadie es de piedra. Y ni aun estando en la montaña más alta puedes ver el mundo entero. Quizás sea lo mejor, o quizás no o simplemente debas dejar que el tiempo decida lo que es mejor para vosotros. Mientras tanto, tú no te puedes tumbar a la primera de cambio, la vida te va a dar siempre muy fuerte. Lo único que tienes que hacer es levantarte y seguir. Pase lo que pase te levantas cuantas veces sea necesario.