Llegas a la conclusión de que quizás tu futuro te esté
impidiendo disfrutar del presente. Quizás tu responsabilidad, tu madurez o tu
perfeccionismo estén alejándote de lo que más quieres.
Todo esfuerzo quizás haya sido en vano porque a la hora de
la verdad un 10 no significa nada al lado de una sonrisa, de un beso o de un
abrazo suyo. Te sientes tan impotente que pierdes las ganas de seguir luchando
porque no puedes seguir así, porque tu ritmo no lo puede llevar nadie, ni
aunque te quiera lo puede llevar nadie.
Entonces es cuando te planteas qué es lo que falla, qué es
lo que tienes que cambiar. Tú sola te das cuenta de que tus agobios no tendrían
por qué ser agobios si vieras las cosas desde otra perspectiva. Centras todo tu
ser en un par de apuntes, te ciegan, te comen, te consumen y te impiden
disfrutar del momento.
De pronto te sientes perdida, no sabes que hacer, no sabes
cómo cambiar algo a lo que estás acostumbrada, a lo que tú misma te has
acostumbrado.
Es frustrante ver cómo aquello por lo que luchas y
deseas da su fruto pero cómo aquello que
amas se desvanece lentamente.
Simulas entonces una balanza: tus estudios, tu futuro contra
tu felicidad, tu presente. Te sientes estúpida por no saber equilibrarlos, por
no conseguir que lleguen a la armonía… y al final pasa, pasa que uno de ellos
gana y te aparta de lo que te hace feliz, te aparta de dar el 100 por 100 a aquello
que amas, a tu presente, a tus ganas de comerte el mundo.
Duele plantarle cara a la verdad…pero una vez que lo haces
es entonces cuando tienes la opción de cambiar, de seguir siendo tú, con tiempo
para todo, para tus metas y tu futuro y lo más importante… para tu felicidad.
Odias que el tiempo pase tan rápido y te juegue tan malas
pasadas pero quizás sea el que también te haya hecho ver cuáles son tus
prioridades desde que te falta la razón de tu sonrisa.
Dicen que a año nuevo, vida nueva ¿no? Pues comencemos por
un “Carpe diem”.