domingo, 20 de julio de 2014

Decisiones

Cualquier decisión cambia irremediablemente el curso de las cosas. Y es entonces, cuando te planteas cual puede ser la mejor decisión, la que te parece más correcta, la que en teoría te hará más feliz…
Es curioso… la mayoría de las veces no elegimos la mejor decisión pero sin embargo es la que más feliz nos hace… aunque siempre hay excepciones.
Y así avanza nuestra vida... mediante decisiones. Tomando la iniciativa o siendo la parte final de la decisión, pero siempre dependemos de la elección, del sí, del no, del quizás… decisiones por las que no nos acabamos de decidir.
Es increíble cómo cambia la vida de un año para otro. Hechas la vista atrás y entonces te vienen los recuerdos. Malditos buenos recuerdos.
No comprendes porqué todo cambia tan rápido, porqué todo lo que quieres se esfuma, porqué aparece lo que te da miedo.
Las palabritas se las lleva el viento y las promesas no se cumplen, jamás.
Al pase lo que pase se lo lleva por delante el orgullo de quien te dice “te quiero” pero no demuestra lo que supone esa frase. Y por muchos quienes que haya a los que les pese que le quiera, una sigue, sujetando el peso de lo que más ha querido en su vida.
Puedes luchar por no tener un final feliz, pero si nadie más te ayuda, llega el fin… y sin el feliz.
“Si tú me dices ven, lo dejo todo” pero dilo joder.
Hay trenes que pasan una vez en tu vida, otros que paran varias veces y otros que no te llevan a donde tú querrías que te llevaran. Después está el tren por el que saltarías a las vías, sin pensarlo, una y otra vez… para morir de amor, aunque sea de esa manera, aunque te haga daño.
Y así nos va. Preferimos sufrir amando que sonreír queriendo a medias.
Creo en mi, creo en ti, creo en nosotros. Creo en el golpe de suerte que me llevó hasta ti… aunque aún me duela.
Por creer, creo que todo pasa por algo. Que entre el blanco y el negro hay una infinita gama de grises. Que todo tiene arreglo en esta vida, menos la muerte.
Creo en los números, creo en las fechas, creo en la espinita que tenemos clavada.
Y póntelos bien, los huevos digo, para dejar de jugar a que todo te la resbala. Y ódiame, mucho, que entonces me querrás mil veces.
Es el miedo al adiós lo que nos mata por dentro. Las amargas despedidas, el hasta pronto que se convierte en hasta siempre. El perder a alguien sin haberte echo a la idea. Miedo a que ni siquiera hayas dicho adiós. Miedo a que de la noche a la mañana pierdas a lo que más quieres, sin motivos, sin razón alguna. Es miedo al vacío que notas cuando piensas en que nunca más volverás a darle un beso. Miedo a verle y mirarle como a un desconocido. Miedo incluso a no volver a verle. Miedo al arrepentimiento. Miedo a que desaparezca para siempre de tu vida. Miedo al cansancio, a la monotonía. Miedo al olvido.
Y si no tuviéramos miedo a vivir al límite mejorarían nuestras decisiones, sin pensar en las consecuencias, sin pensar en el mañana, sólo viviendo el presente.

"Porque el amor cuando no muere mata... porque amores que matan nunca mueren"

Sentir

La vida es eso que pasa mientras tú esperas que esperen que les estás esperando. No hay duda, todo lo que puedas imaginar (y más), NO va ...