Dicen que el destino es el poder sobrenatural inevitable e ineludible que, según se cree, guía la vida humana y la de cualquier ser a un fin no escogido, de forma necesaria y fatal, en forma opuesta a la del libre albedrío o libertad.
Nunca me ha gustado creer en eso del destino. Siempre he pensado que uno mismo puede decidir sobre su vida, sobre sus decisiones y sobre su futuro.
Pero a veces, ocurren cosas, buenas o malas, cosas por las que te preguntas qué has hecho tú para que te pasen.
A veces no entiendes cómo todo lo que llevas preparando durante mucho tiempo, puede desvanecerse en tan solo un segundo.
Pero de pronto pasan, y no estás preparado... Y tienes que enfrentarte a ello.
Pagamos nuestras desgracias con aquellos que nos quieren ayudar o incluso con los que no han hecho nada, solo por darle a alguien la razón de tu mal, de tu desgracia o de tu mala suerte.
Y es verdad que la suerte a veces está de tu lado, y otras veces es mejor no salir de la cama. Pero de esto va la vida, de enfrentarse a lo que uno a veces no quiere enfrentarse.
De eso va la vida, de luchar con uñas y dientes porque cada día tengas mil y un motivos para sonreír a pesar de que fuera truene, llueva o hayan turbulencias.
Porque hay ocasiones en las que aparece una mano, que te ayudará a levantarte de todas las caídas, pero tan solo tú eres el que decide seguir el camino aun sabiendo que puede tropezarse de nuevo en cualquier momento y lo peor de todo, que a veces no habrá nadie para ayudarte a levantarte
Ese camino en el que se cruzarán personas, que te cambiarán la vida, a mejor o a peor. Que te enamorarán, que te harán daño. Personas que te harán ser mejor, que te harán madurar, o que te harán mas difícil el camino.
Personas, que aunque se vayan de tu camino, dejarán una huella que será difícil de esconder, o una piedra que será difícil de saltar. Personas por las que volverías a caerte una y otra vez si con ello pudieras volver al principio del camino, cuando todo comenzó.
Pero hay veces que tienes que asumir que nada vuelve a ser como antes, las cosas podrán ser mejor, peor o de diferente manera. Pero nunca igual.
Que nunca podrás avanzar si te quedas parado para ver si la piedra se mueve sola.
Y avanzar es difícil. Pero hay que hacerlo. Respira hondo y sigue hacia delante. Con o sin orgullo, con o sin ganas, con o sin amor. Pero siempre hacia delante.